No quiero ser un ejecutivo moderno,
con cabellos despintados a los 30 y una sonrisa dibujada,
lleno de trajes rimbombantes ataviados con vellones,
pensando que el mundo es redondo y plano.
No quiero ser un ejecutivo moderno,
intentar reducir la vida a fórmulas,
olvidar que las verdades intermedias,
son sólo supuestos necesarios.
Ni volverme un ermitaño rodeado de herramientas,
ni un político egoísta y plástico.
Menos aun, un padre frío y ausente.
No quiero un amor conveniente y caro,
lleno de logros individuales y de verdades escondidas.
No quiero, que se apague la leña encendida en la alcoba.
jueves, 22 de septiembre de 2011
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