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sábado, 16 de agosto de 2008

Turbâtiô

Perdido en el vacío del contorno desgastado de lo que un día fue un corazón frondoso, Suspiro… y cada molécula condensa las palabras, que por temor no pronuncié; y el trillado discurso del atrevimiento por silencio, incrusta la daga de lo que no fue dejando en su circular y sórdido movimiento un silencio que se dilata, mientras los suaves aromas de mi adorada quimera se desvanecen ipso facto.
Me detengo a rescatar algún breve recuerdo y no puedo retener el efímero presente y veo cómo quedan cercenadas tus palabras como chispas que crean grandes incendios de nuestras memorias teñidas de “oro negro”. Cada lugar se torna vacío aun en nuestra presencia y los pequeños zapatos de los hombresitos del mundo de los sentidos disipan lo perdido.
Si más que hacer busco consuelo en las letras que algún día me regalaron mis padres y perdí la combinación de la caja fuerte. Sin escapes evado los recuerdos de tu mirada y las veces que apocados mis ojos abdicaron por ella. Recuerdos de palabras que secundaron mis disculpas y de olores que turbaron mi juicio.
Cómo será verte en algunos años, cuánto de lo que amé quedará, revivirán estas palabras o quedarán tapadas junto a la primera persona que llevó tu nombre. Serán melodías clásicas o góticas las que mi corazón perciba al sentirte cerca, sin verte…
Sólo me quedan pocas letras, pues las palabras siguen guardadas y sin ánimo de alejarte del presente, pido al amor que nunca suelte mi mano, pues sin ser un gran escritor, puedo ser mi propio consorte.

martes, 5 de agosto de 2008

... y hoy quedó cercenada
aquella historia trillada
del muelle de San Blás;
y no te vistas, que no vas,
no vamos perdón,
a bailar el último cuplé
del querendón
quien en su ecuánime perqué
soñó nuestra utópica unión.