Perdido en el vacío del contorno desgastado de lo que un día fue un corazón frondoso, Suspiro… y cada molécula condensa las palabras, que por temor no pronuncié; y el trillado discurso del atrevimiento por silencio, incrusta la daga de lo que no fue dejando en su circular y sórdido movimiento un silencio que se dilata, mientras los suaves aromas de mi adorada quimera se desvanecen ipso facto.
Me detengo a rescatar algún breve recuerdo y no puedo retener el efímero presente y veo cómo quedan cercenadas tus palabras como chispas que crean grandes incendios de nuestras memorias teñidas de “oro negro”. Cada lugar se torna vacío aun en nuestra presencia y los pequeños zapatos de los hombresitos del mundo de los sentidos disipan lo perdido.
Si más que hacer busco consuelo en las letras que algún día me regalaron mis padres y perdí la combinación de la caja fuerte. Sin escapes evado los recuerdos de tu mirada y las veces que apocados mis ojos abdicaron por ella. Recuerdos de palabras que secundaron mis disculpas y de olores que turbaron mi juicio.
Cómo será verte en algunos años, cuánto de lo que amé quedará, revivirán estas palabras o quedarán tapadas junto a la primera persona que llevó tu nombre. Serán melodías clásicas o góticas las que mi corazón perciba al sentirte cerca, sin verte…
Sólo me quedan pocas letras, pues las palabras siguen guardadas y sin ánimo de alejarte del presente, pido al amor que nunca suelte mi mano, pues sin ser un gran escritor, puedo ser mi propio consorte.
sábado, 16 de agosto de 2008
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