Hoy pasé por las calles de tu casa. Me desvíe de mi camino 15 minutos para volver a recorrer cada fachada, cada carro estacionado, las paredes, las rejas, los vigilantes, la tiendita donde comprábamos los puchos.
De inmediato sentí nervios de volver a verte, luego se volvieron ansias de cruzarme con alguien. Contigo, con tus padres, hermanas, amigos o vecinos. Alguien que recuerde que hace 6 años era yo el chiquillo que a menudo te llevaba orgulloso de la mano; y es que eramos inseparables al caminar ¿Lo recuerdas? Pero no encontré a nadie, incluso las calles y las estrellas se habían olvidado de mi. No las culpo, nunca volví a pasar cerca, nunca los recordé, ni los lloré; así que entiendo que también me olvidarán.
Al llegar a la reja que antela tu casa, y en ella los miles de detalles navideños en navidad, los cuartos llenos de cosas, el purificador de agua, los insumos para los panqueques, tus muebles cómodos, los libros de crepúsculo, el sonido de tu nextel a las 4 de la mañana, todos cura de mi ansiedad, mi mal humor y mi desorden universitario. No me atreví a entrar, me
pareció innecesario y grosero. Ya había tenido mi momento y no necesitaba más.
Últimamente no ando de bien con las chicas, mis amigos creen que ahora yo soy el medio maricón por mi falta de nuevas conquistas. Simplemente no me da la gana de ser distinto, no busco adecuarme a un mundo acomplejado e infeliz, lleno de avatares y deudas.
Y de este sentimiento fatuo eres tu la culpable. Me mal acostumbraste a ser feliz a tu manera, al sentirte orgullosa y feliz conmigo, al no exigirme más, sino quererme tal y como soy y tener el carisma y amor de escucharme y aceptarme a las 4 de la mañana de un martes, caminando en vez de en un coche un miercoles, con la cuenta y tarjeta de crédito sin saldo un viernes, con una cerveza en lugar de un whisky un sábado, con mis amigos en lugar de los tuyos, la mayoría de las veces.
No se vivir de una forma distinta a la que aprendí contigo y eso me pesa. No puedo negar que ahora estoy convencido que tu mundo de los sentidos y no mi mundo de las ideas, es el mundo real, del que culpable y bendecido, no soy parte.
Hoy se que eres feliz con una nueva vida y eso me encanta, me nutre y me recuerda que debo seguir adelante. Es muy hermoso volver la mirada y encontrar amor en lugar de estatuas de sal. No hay mejor pastilla para afrontar mis actuales reiteradas batallas perdidas. No me importa ya si son de mayor cuantía, lo que viene luego será mejor, pues como proclamará en vida Facundo: "sólo lo grande alcanza a lo grande", así que:
"Pa lante, pa lante cómo un elefante, ecuajey".
Ricuato