Sumergido en el tropel de un festín mundano, me enganchó tu sonrisa coqueta, que luego de ligeros intentos tuyos e incontables cavilaciones mías, buscando sin éxito la canción adecuada, me animó a ir en tu búsqueda, disfrazado en mi alterego.
Nuestro primer encuentro. Tu mirada un poco perdida, intentando enmascarar torpemente las decenas de ideas que te venían a la mente. Algo avergonzada quizá por haber desnudado tu sonrisa a mis cuatro ojos. "Soy poeta" te dije y todo pareció un fracaso. De inmediato me dije "eres grupo A" y no quise desconsolarme por la realidad de lo poco atractivo que puede resultar un poeta con cara noble en los 2010's. Quizá mi cándida sinceridad no me permitió ocultar mis historia imaginaria o quizá la estrategia no fue buena. Definitivamente por mis fachas y tu sonrisa, eres, o fuiste al inicio, un grupo B.
Cuanta sorpresa encontrarte al día siguiente cautivada, ubicándome en el medio de un cuento de hadas moderno y de fin de semana. Al parecer no fui tan torpe como siempre. Sin duda fuimos ambos inexpertos al preguntar y juzgar, pero la risa, los besos y deseos de seguir abrazándonos pudieron más que nuestras falta de experiencia.
Y luego los pesares del destino trillado nos jugaron la misma pasada a que los amantes de a pie. Un comienzo y final difícil, que, aunque nos quitaron el sueño, no consiguieron borrar el suave aroma de nuestros besos, la fuerza de nuestras miradas y el calor de nuestras manos, siendo así la trama, el intermedio, un dulce poema. Luego deshojando tus historias y mis pesares, sabríamos que no nos volveríamos a ver. Gracias por regalarme este bello recuerdo.
Ricuato
No hay comentarios:
Publicar un comentario