Suspiros de las noches pasadas susurran a mis espaldas
y los incordios del amor frustrado destruyen las guirnaldas
levantadas en el juglar de mis profanos sentimientos.
II
Rojos furibundos de mejillas enamoradas
se desvanecen en el escolástico tribunal del destino
cuyas cruentas e impávidas miradas
condenan y descartan nuestro sueño y camino.
Y, sin rezagos de amor, Se apaga la última estrella
y en lugar del último verso
sólo queda un cuarto de luna...
Ricuato
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